El fenómeno de la gentrificación y cómo regularlo
(Primera parte)
La gentrificación en destinos turísticos es un fenómeno urbano complejo que involucra transformaciones sociales, económicas, jurídicas y territoriales, desde las perspectivas de la sociología, el urbanismo, el derecho y la economía. Este proceso, que implica la transformación de barrios populares en zonas de alta demanda, ha sido influenciado en gran medida por el turismo, que, al atraer visitantes, provoca cambios en la dinámica social y económica de las comunidades locales.
A medida que las áreas se vuelven más atractivas para los turistas, los precios de la vivienda y los servicios tienden a aumentar, lo que genera un impacto directo en los residentes originales. Este proceso, que implica la transformación de barrios populares en zonas de alta demanda, ha sido influenciado en gran medida por el turismo, sin duda como ya se dijo y a medida que las áreas se vuelven más atractivas para los turistas, los precios de la vivienda y los servicios tienden a aumentar, lo que genera un impacto directo en los residentes originales.
Y esto sucede en la mayoría de los países con atracción turística e histórica, como sucede en Barcelona, Lisboa, Nueva York, San Francisco, Amsterdam, CDMX, París, Berlín, etc.
Los que nacimos en Oaxaca en la década de los 50´s, somos testigos del impacto turístico en nuestra ciudad capital, la bajísima circulación vehicular en lo que hoy es el Centro Histórico, era muy notable, nací y viví por años en la céntrica calle de Matamoros, y asomada al balcón, veía los pocos coches que circulaban, recuerdo en los años 60´s, cómo los camiones de transporte urbano, tenían un orden como en cualquier ciudad de Europa, pasaban con gran exactitud de un horario previamente establecido, con unos letreritos de madera en cada parada, para cubrir las rutas autorizadas.
Existía un reloj checador en las paradas, en la que el chofer o el ayudante, bajaba rápidamente a checar una tarjeta para el control de los horarios, los pasajeros subían tranquilamente, nadie iba parado, pues al llenarse el autobús, los demás esperaban con la certeza de que en 15 o 20 minutos pasaría el próximo con la misma ruta. Jamás de los jamases se juntaban dos camiones en una misma cuadra a la misma hora, todo estaba perfectamente calculado. Todavía esto funcionó hasta los años 80´s. ¿Qué pasó?, ¿por qué el actual desorden? Obviamente la corrupción.
Crece la población y el gobierno no planifica y empieza el negocio de las concesiones y la anarquía. Otro día escribiré sobre este tema, para no desviarme del fenómeno urbanístico del turismo; pues a mediados de los 70´s, empieza a crecer el turismo en Oaxaca, era impactante observar, cómo la ciudad tranquila de Oaxaca, despierta a una era turística, pues en la temporada de la Guelaguetza y vacacional, se ven las esquinas del Centro Histórico abarrotadas de personas para atravesar una calle. Yo no salía de mi asombro, pues me preguntaba ¿de dónde salió esta gente?. No puedo negar mi alegría.
Los muchachos que solíamos acudir al zócalo a tomar un refresco con amigos, rápido nos hicieron a un lado los muchachos, a las féminas que solíamos dar vueltas al zócalo y recibir un ramito de gardenias o claveles por algún amigo o admirador; había nobleza, pues procuraban que a cada una del grupito nos tocara un ramito, era una cortesía amistosa. Pero, ¡oh, sorpresa!, cerraron el acceso de los carros al zócalo y fuimos desplazadas poco a poco, por decenas de norteamericanas jóvenes, y los muchachos maravillados se lanzan a la conquista de las “gringuitas”.
Entendible, pues nosotras, siempre éramos las mismas “aburridas”, por la estricta educación que nos impedía llegar tarde a casa, pues incluso acudíamos al cine en grupo o con chaperón. De risa, la verdad, pero así sucedió. Y bueno, los noviazgos formales y matrimonios siguieron en la tradición de unirse entre oaxaqueños y, uno que otro, fuereño o fuereña de preferencia nacional.
De hecho, Oaxaca contaba con población extranjera de la reminiscencia española, que algunos se casaban entre ellos, no precisamente todos, pues ya eran nacionales. Pero algunas familias españolas, todavía en los 80´s, mandaban a sus hijos a España a traer a un connacional peninsular ya con fines matrimoniales. Eran contadas las familias de ascendencia europea o árabe, pero la convivencia era general. Oaxaca era una provincia de tradiciones y vida familiar.
En 1987 nuestra ciudad, construida en cuadrícula, es un buen ejemplo de urbanismo colonial español junto con la zona arqueológica de Monte Albán, se declara toda esta zona monumental, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y surge un gran turismo cultural se abren nuevos restaurantes y hoteles.
Los gobernadores desde fines de los 70´s, se esmeran por embellecer Oaxaca, se construye el auditorio de la Guelaguetza, una Central de Abasto y la calzada de la República, muy criticados en su momento como elefantes blancos, y hoy insuficientes. Convierten después, el Centro Histórico en un espacio turístico peatonal con un corredor turístico. Surgen los barrios más emblemáticos como Jalatlaco y Xochimilco que todavía tiene mucho por desarrollar.